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BENEFICIOS DEL BALONCESTO PARA LOS NIÑOS

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El baloncesto es uno de los deportes de equipo que los niños adoran. De hecho, no son pocos los pequeños que aspiran a entrar a la selección infantil de la Federación Española de Baloncesto, una organización que ya atesora una vasta experiencia entrenando a niños y jóvenes en esta categoría. No obstante, más allá del futuro profesional al que pueda aspirar cualquier niño, lo cierto es que se trata de un deporte muy dinámico y entretenido que se puede para practicar incluso como una simple afición. De hecho, se ha demostrado que la práctica habitual de baloncesto es un excelente ejercicio físico que estimula diferentes destrezas, a la vez que contribuye a desarrollar las habilidades sociales.

Cinco ventajas que reporta la práctica de baloncesto infantil:

1. Mejora la resistencia metabólica

El baloncesto, como cualquier deporte de alta intensidad, demanda un gran gasto energético y metabólico. Los ataques, las carreras, los saltos y el movimiento constante les exigen a los niños un sobreesfuerzo físico que contribuye a mejorar su resistencia. Como resultado, este entrenamiento a intervalos estimula su capacidad aeróbica, fortalece sus pulmones y aumenta su nivel de energía y resistencia metabólica. También es una práctica excelente para potenciar la resistencia cardiovascular y regular la circulación sanguínea y la presión arterial en los niños.

2. Desarrolla el control muscular

La capacidad para controlar los músculos y cada parte del cuerpo se desarrolla de forma natural a medida que el niño crece y va ganando en autocontrol. No obstante, diferentes estudios han demostrado que la práctica de baloncesto contribuye a que los pequeños ganen control muscular, fortalezcan sus músculos y mejoren la planificación de las secuencias de movimientos. De hecho, es un deporte ideal para mejorar el equilibrio en los pequeños y estimular su agilidad, sobre todo debido a las respuestas de bloqueo, pase, salto y carrera.

3. Agudiza la coordinación y el balance corporal

Al igual que la mayoría de los deportes de equipo, el baloncesto requiere una gran coordinación del torso superior, así como entre todas las partes del cuerpo y entre los ojos y las manos. Realizar los pases, ejecutar las capturas, correr evadiendo a los contrarios y encestar son destrezas que requieren una buena dosis de planificación, precisión y una reacción rápida. Además, caminar hacia atrás prestándole atención a los otros jugadores y correr mientras se ejecuta el goteo del balón son ejercicios complejos que resultan muy útiles para estimular la conciencia corporal y la coordinación entre las distintas partes del cuerpo.

4. Estimula la agilidad funcional, física y cognitiva

El baloncesto es un deporte que demanda gran agilidad para mover los pies y responder con rapidez ante los cambios de dirección e impulso. Por eso, los niños que practican baloncesto desarrollan destrezas físicas y cognitivas que les permiten esquivar a los contrarios, planificar jugadas agresivas y moverse en la cancha con habilidad. Además, suelen tener una gran capacidad para responder con rapidez, una ventaja que estimula su creatividad, pensamiento abstracto y concreto, a la vez que les permite solucionar problemas con mayor rapidez que sus coetáneos.

5. Fomenta las habilidades sociales

El baloncesto es un deporte en grupo en el que es crucial la disciplina y la comunicación verbal y no verbal con el resto de los jugadores. De hecho, practicar baloncesto desde edades tempranas les enseña a los niños a trabajar en equipo, crear vínculos con los demás, estar atento a los otros y responder en consecuencia. De esta manera, aprenden a trabajar junto a otros pequeños por un objetivo común, desarrollan la empatía, su capacidad para lidiar con la frustración, mejoran el autocontrol emocional y acrecientan sus habilidades comunicativas.

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ENLACE A LA FUENTE DEL ARTÍCULO

-¿Por qué gastar tanto dinero y tiempo para que tu hijo entrene y juegue a BALONCESTO?

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UN AMIGO ME PREGUNTÓ...

-¿Por qué gastar tanto dinero y tiempo para que tu hijo entrene y juegue a BALONCESTO?

-RESPUESTA:

Bueno, tengo una confesión que hacer; yo no pago para que mi hijo entrene y juegue a baloncesto.

¿Sabes que estoy pagando?

Pago por esos momentos en que mi hijo vuelve tan cansado que quiere dejar de pelear.

Pago por esos días cuando mi hijo vuelve a casa del colegio agotado para ir a entrenar, pero va de todas formas.

Pago para que mi hijo aprenda a ser disciplinado.

Pago para que mi hijo aprenda a cuidar su cuerpo y su mente.

Pago para que mi hijo aprenda a trabajar con los demás y sea buen compañero de equipo.

Pago para que mi hijo aprenda a lidiar con la decepción cuando no obtiene lo que esperaba, pero sabe que hay que trabajar más duro.

Pago para que mi hijo aprenda a alcanzar sus objetivos.

Pago para que mi hijo entienda que toma horas y horas de trabajo duro y entrenamiento obtener un campeonato y que el éxito no ocurre de la noche a la mañana.

Pago por la oportunidad que tendrá mi hijo de hacer amistades para toda la vida.

Pago para que mi hijo esté sobre la cancha de baloncesto o le duela y no frente al televisor.

Podría seguir, pero para ser breve... No pago por el baloncesto; pago por las oportunidades que le ofrece este deporte a mi hijo de desarrollar atributos y habilidades que le serán muy útiles a lo largo de su vida y darle la oportunidad de valorar la vida.

POR LO QUE HE VISTO HASTA HOY..., CREO QUE ES MI MEJOR INVERSIÓN!!!

Autor desconocido.

E O TEU PAI? NON VEN AOS PARTIDOS?

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1 chiste

ALEJANDOR GÓMEZ, SU HISTORIA

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Carta de un alumno del Ciclo Superior de Integración Social del Colegio San José de la Guía que ha decidido contar su historia para sensibilizar sobre el acoso escolar y visibilizar la diversidad:

"Ha llegado el día en el que quiero desnudarme, dejar todo aquello que cubre mi cuerpo encima de la verdad y mostrarme tal y cómo soy, sin más.

Las decisiones requieren tiempo, tanto tiempo como despojarse de lo que pesa, de lo que estorba, de lo que molesta... Pudiera parecer que el tiempo es nuestro enemigo, pero no lo es. A veces, se vuelve compañero de viaje, aliado de la razón, socio de un futuro tan incierto cómo prometedor... Y mientras me voy deshaciendo de la ropa vieja, de los trapos rotos, el tiempo se encarga de tapar las cicatrices de unas heridas que ya no duelen, pero que sólo yo he vivido, que sólo yo noto.

Y mi cuerpo esconde los golpes recibidos, las burlas sin sentido, las palabras necias que he oído y las lágrimas provocadas por quienes yo llamaba amigos...

Era demasiado pequeño para comprender la crueldad, donde cada juego tenía un perdedor y ese, siempre era yo. No acertaba en entender que ocurría, por qué era igual cada día... No quería ser el verdugo, pero tampoco la víctima.

Recuerdo que a los seis años y sin poder entenderlo, se mofaban hasta de que mi padre hubiera muerto. Decían que se había ido porque no me soportaba, porque se avergonzaba de mí y cada noche salía a la ventana y esperaba que él me dijera que no era así. Y no encontraba consuelo, parecía tener en mi contra también al cielo... Llegué a maldecir al destino con el corazón hecho añicos, sólo quería jugar, reír, vivir tranquilo...

-Mierda!- pensaba... Sólo soy un niño!!!

La entrada al colegio era un sufrimiento, una agonía, una pesadilla, morir en cada intento... Sonaba el timbre y no caminaba, volaba... y corría bajando de tres en tres las escaleras, sabiendo que no era buena idea... Terminaba en el suelo, pisoteado, atemorizado, muerto de miedo. Aquellos segundos se hacían eternos, me ponía en pie como podía y volvía a correr y entre zancadillas, volvía a caer... Sólo buscaba estar a salvo, fuera de peligro y entre insultos corría a casa, buscando cobijo. Los que me querían de verdad, no querían que volviera y yo solo quería alguien que me entendiera. No quería que me pegaran, solo quería ir al colegio, soñaba con que todo acabara y que sería uno entre ellos. No quería que fueran mis enemigos y no quería darme por vencido, solo pretendía que fueran mis amigos. Pero no, no lo di conseguido, me hicieron perdedor sin haberme conocido.

Una de las palizas me llevó al hospital. Golpes, ataque de pánico y crisis grave de ansiedad. Perdí el habla, la noción del tiempo y también el miedo a los médicos. Tuve que dar detalles sobre aquellos niños, con nombre y apellidos. Todo acababa con un principio. Eran demasiado pequeños para imputarles un delito.... Y yo? Yo sólo era también un niño!!!!!!

El acoso escolar no es precisamente un juego de niños, de niños es una infancia donde te aceptan, donde eres querido...

Bullying lo llaman los mayores, los que no lo han vivido. Las víctimas, queridos amigos, no sufren solo los golpes, sufrimos y respiramos el peligro. – Hay acaso una excusa que convenza, que justifique el maltrato? Al agresor? Al que lo consiente? Al que hace que no ve, que no escucha, que no siente? Al valiente? Sí, la falta de empatía, la omisión del deber, la pobreza en la educación, el no ponerse en el caso de que un día otro puede ser yo. No hay excusa, no hay motivo, no hay razón! Puede ser porque alguien que sea gordito, porque lleve gafas, porque es feo, porque es diferente o porque les da la gana. Por qué fui yo? Que motivo hizo que mis amigos se rieran de mí, me acosaran, se burlaran, se convirtieran en mis verdugos, en mis enemigos?

En mi caso lo tenían fácil... Yo era diferente. Yo era Asperger. Más que suficiente. Demasiado débil. El Síndrome de Asperger no es una enfermedad, es una manera de ser, simplemente. Es cierto que me costaba más que a los demás cosas tan simples como correr, escribir, entenderlo todo a la primera vez... Pero no busqué nacer con estas características, estoy orgulloso de ser quién soy y cómo soy. De no haberme rendido nunca, de creer en mí, de haber llegado hasta aquí. Y de haber cerrado las heridas, de no vivir de cicatrices, de ser el dueño de mi vida, de haberle echado tres pares de narices. Soy diferente, sí. Y qué? Pero soy igual a ti, a ti, a ese y aquél.

No soy especial por lo que la vida me ha quitado, soy especial porque soy yo y por lo mucho que valgo. Nadie conseguirá detenerme, ni robarme los sueños, ya me robaron sin poder defenderme, la felicidad de ser pequeño.

No lo olvidéis nunca, nadie sabe lo que siente el que siempre pierde. No consintáis que alguien crea que ésa, fue su suerte, la mía fue haber sembrado alegría por el camino y repito, nunca darme por vencido... y hoy, tener el doble, el triple de grandes amigos. Nunca defendáis el acoso escolar, no giréis la cabeza, que hay quien muere de pena y quien se mata por tristeza.

Yo, no.

Porque soy especial! .Y porque tuve los que otros no nunca tendrán... Mucho amor!!!!

Gracias, muchas gracias!"

Alejandro Gómez

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Enlace Faro Vigo

"QUÍTALES EL MÓVIL, NO EL BÁSKET"

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Que no, que los niños de ahora no son tontos. No os empeñéis en hacerlos inseguros, miedosos y dependientes. Dejadles vivir. Soltad la cuerda para que aprendan y se equivoquen solos y dadles esa autonomía que, al contrario de lo que pensáis, tanto necesitan.

La excusa de 'eran otros tiempos' cuando comparáis vuestra infancia a la de vuestros hijos no os la compro. Día a día, muchos de vosotros, tratáis de limitar las capacidades de los más pequeños. Viven anclados al chupete en una burbuja donde siempre hay un adulto para solucionarle hasta el más mínimo de los problemas. Pensáis que eso les ayuda y no os dais cuenta del terrible error que estáis cometiendo.

La que escribe no es madre pero lleva 9 años tratando a diario con los más pequeños en las canchas de baloncesto. Tiempo más que suficiente para sacar mis conclusiones a base de la experiencia que tengo acumulada.

Echando la vista atrás, recuerdo mis inicios en el mundo de la canasta. Allá por el año 98 comenzaron los entrenamientos de lunes a viernes, los partidos de fin de semana, los torneos por toda la geografía...

Por aquella época, sólo una causa mayor te impedía ir a entrenar. Si faltabas, tenías que ser tú el que llamara al entrenador o entrenadora para darle las explicaciones pertinentes. Papá y mamá no tenían que dar la cara por ti.

Si había partido y no jugabas, tus padres te animaban a trabajar más y mejor para ganarte los minutos de cara al próximo encuentro, no se enfrentaban al entrenador para reclamar minutos. Como en las notas del cole, antes la culpa era del niño, ahora es de los profesores que les tienen manía.

Si te olvidabas de las zapatillas, de la toalla o de las chanclas para la ducha había que fastidiarse y a la semana siguiente tener más ojo a la hora de preparar la bolsa del deporte. Sabéis por qué? Porque nosotros sabíamos preparar las cosas sólos. Incluso, – mirad qué locura – si te caías en un partido, tus padres no saltaban al banquillo a atenderte. Te atendían los técnicos.

Por aquellos tiempos los entrenadores eran profesionales a los que las familias admiraban y respetaban. Eran tiempos felices. Nadie se metía en su trabajo y nadie juzgaba sus decisiones. Hoy, al cirujano nadie le dice como tiene que operar, pero con el entrenador hay carta libre. No os resulta increíble la capacidad de muchas familias para adquirir conocimientos técnicos y tácticos a gran velocidad? El día a día en la mayoría de pabellones.

Y qué me decís de los castigos sin baloncesto o el "Fulanito no va a entrenar porque tiene que estudiar? Eso ya es lo más! Quitadles el móvil, no el baloncesto! Ambas cosas son compatibles.

Debéis enseñarles a organizarse bien. Aprenderán que, con esfuerzo y sacrificio, las cosas llegan. Disfrutarán de los éxitos posteriores y crecerán con los fracasos. Sabrán que, ante un deporte de equipo, si fallas, le estás fallando al grupo y entenderán que, si se quiere, hay tiempo para todo.

La superación, la tolerancia, la ilusión, el esfuerzo y el compañerismo son valores que vienen dados en el propio deporte y que les quedarán para toda la vida. Dejad que lo disfruten y enseñadles a valorarlo.

Soltadles un poco. Dejad que tomen sus propias decisiones, que aprendan a equivocarse y que entiendan lo que es el compromiso y la disciplina. Que el deporte es mucho más que tres horas semanales de ejercicio físico para los más pequeños. Que con cada cuota se paga a una persona que trabaja por vocación, se ayuda a un club a seguir creciendo y se apoya a una entidad que, día a día, trata de hacer a vuestros hijos e hijas felices.

Por: Erea Hierro

HAMBRE

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Cada vez es más difícil ver jugadores jóvenes despuntar y tener protagonismo en equipos ACB, o incluso LEB. Los clubes, y los entrenadores también, siguen apostando por jugadores con más edad, ya contrastados, buscando experiencia y resultados inmediatos. Hace poco, por ejemplo, Jesús Fernández con cuarenta y un años ha sido MVP de la copa de LEB Plata con Granada. Vencieron a Alicante donde juega Guillermo Rejón, otro viejo roquero de cuarenta años.

En la ACB también podemos encontrar algún ejemplo de estos. Albert Oliver o Mumbrú tienen un rol destacado en sus equipos. Hablar de que estos jugadores deben retirarse para que jueguen otros más jóvenes es muy injusto. Son hombres que se han sabido cuidar muy bien, que seguro aman el baloncesto y que demuestran en cada partido ser referentes en sus equipos.

Es curioso que exista este problema. Es evidente que ahora los chicos están mejor entrenados porque los entrenadores son mejores y se preparan más. También son mejores físicamente. Al trabajo de formar a un jugador se suman preparadores físicos, nutricionistas, psicólogos. Las posibilidades son mucho mayores. ¿Por qué las dificultades son tantas? ¿Por qué si son mejores física y técnicamente irrumpen menos en el primer nivel del baloncesto nacional?

Pues creo que la falta de ambición, el hambre por superarse, pueden ser muy culpables de esto. Hoy en día los chicos lo tienen todo. Su vida es mucho más completa, no está solamente centrada en estudiar y jugar. Las horas del día siguen siendo veinticuatro. Pero ahora en el reparto de esas horas también están presentes Youtube, whatsapp, internet, Play Station... Lo tienen todo, en la medida de las posibilidades de cada familia. Les justificamos, les defendemos. Comprendemos hasta que suspendan porque el profesor es verdad que les tienen manía. Si juegan poco también el culpable es el entrenador que no comprende el juego del chico. Nuestro hijo siempre tiene razón, no los profesores, tutores o entreandores. Lo que necesitan solo deben pedirlo para tenerlo.

¿Qué es lo que pasa cuándo uno de estos chicos tiene la oportunidad de entrenar con el primer equipo? Pues que él también cree que tiene derecho a jugar. Y somos capaces de hablar mal del entrenador ACB porque no lo hace jugar. En esta sociedad en la que conseguir lo que se quiere cuesta muy poco es muy dificil que los chicos comprendan que cada minuto hay que ganárselo, que trabajar más es una obligación y que, para jugar, debes demostrar que eres mejor que el compañero que juega en tu puesto. En un vestuario de un equipo profesional el jugador joven no debe abrir la puerta y exigir el mismo trato que el resto. Los jóvenes deben echar la puerta abajo trabajando con la mayor humildad por participar en el entreno, luchando como un guerrero por jugar un solo minuto.

Conseguir esto sin haber aprendido que nada es gratis, que todo cuesta y que los derechos no se tienen sino que se ganan, es muy dificil. El mejor de los talentos sin estos valores puede perderse.

Está prohibido quejarse por no jugar. Si no juegas debes valorar que el lunes vuelves a entrenar con los mejores y trabajar más todavía. Sólo así conseguirás tener algún día una oportunidad. Trabajas para estar preparado en aprovechar esa oportunidad el día que llegue.

Los buenos entrenadores no miran el DNI. Ellos darán la oportunidad al joven si éste demuestra que es mejor que los otros compañeros. Los buenos entrenadores no regalan oportunidades sino que trabajan con los jóvenes para que se ganen esa oportunidad y estén preparados para aprovecharla.

Yo no tengo hijos. Seguro que para un padre es muy difícil no darle a sus hijos todo lo que esté a su alcance. Pero también estoy seguro que no se les quiere menos por perseguir que nuestro hijo no tenga lo que pida, que aprenda que si quiere algo tiene que ganárselo. No hay que justificarle sino animarle a que trabaje con más esfuerzo aún. Sólo así conseguiremos grandes campeones. Y esto no es aplicable únicamente al deporte, nos vale para cualquier faceta de la vida. ¿O es que hay diferencia cuando se tenga que lanzar al mundo laboral?

Francis Tomé 29.01.2017

La Opinión de Málaga

“CUANDO VIENE LA TORMENTA”, por Joan González

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Cuando las cosas no funcionan, no soy de los que se esconden. En mis redes sociales expongo los buenos y los malos momentos, por que la vida es eso. No se entiende una cosa sin la otra, el ying y el yang, donde todo está en movimiento constante, y donde el negro no es tan negro ni el blanco tan blanco.

Los entrenadores prevemos las tormentas. Los nubarrones con lluvia, el viento y el frío que se aproxima, los intuyes, aunque la naturaleza se impone y nunca puedes saber el alcance que tendrá en tu equipo y su repercusión.

Algunos amigos me llaman para darme ánimos y lo agradezco infinitamente, aunque los que entrenamos sabemos que las soluciones pasan básicamente por lo que tu puedes controlar, que es muy poco o mucho según se mire. Es cierto que en 29 años entrenando no había experimentado una situación similar. Y no estoy hablando de las crisis que muchos equipos tienen durante la temporada y que forman parte del camino que ha de recorrer un grupo diez meses. Estoy hablando de un conjunto de situaciones negativas en forma de lesiones, bajas etc., que se instalan como un nubarrón negro encima de tu equipo. Así es que te empiezas mojando y acabas empapado y sin nada para secarte, teniendo la percepción de estar instalado ahí, dando vueltas como una peonza, en un vaivén de sensaciones del que no consigues salir.

Así es que he pensado en mi amigo "Joan", un delegado que tuve y al que me une una buena amistad.

Joan, que tenía una empresa grande, me contaba que de tener a muchos trabajadores en su empresa, pasó a no tener ninguno y estar arruinado. Se quedo a "0". Peor aún. Con deudas. Cuando le pregunté como había salido de esta situación me dio una explicación, que entendí que es tener fe, que es sacar energía de donde no la hay. Me decía que un día llego a su empresa. Todo estaba desmantelado, no había ni una máquina, todo era un solar. Tan solo había un teléfono, unos cartones y alguna que otra herramienta. Imaginaros esta situación. Le pregunté que hizo al ver esta imagen. El me contesto: "Joan cuando estaba ahí en la empresa sonó el teléfono. Era una señora que quería que le arreglase una persiana, así que yo le dije que ahora mismo iba. Me hice una caja de con unos cartones, le puse dentro cuatro herramientas que quedaban por el solar (y cuatro era en sentido literal) y fui a arreglar la persiana de esa señora. Y seguí recuperándome hasta hoy". Sólo la imagen ya hace daño cuando la trasladas a la realidad.

Pensando en él, he visto que no todo depende de ti, pero lo que tú puedes hacer, lo que tú puedes aportar, lo que tú puedes controlar, debes hacerlo, debes intentarlo, debes vaciarte hasta el final.

No puedes pedirle a alguien que haga su trabajo, o sí puedes, pero la responsabilidad individual es de cada uno, puedes exigir trabajo, motivación y todo lo que tu creas, pero al final es la persona, el individuo como tal que debe ser consciente de que puede aportar ella, no solo para el grupo, sino por valor personal, por dignidad, por autoestima... Lo otro viene después.

Perder partidos no es una tragedia. No clasificarse no es una tragedia. Jugar mal no es una tragedia. Al fin y al cabo la competición deportiva si que no es previsible. Uno debe disfrutar del camino, encontrar motivación para el entrenamiento diario, la mejora constante. Si encuentras placer en eso, lo demás tiene una importancia relativa.

Hay que buscar el placer en lo que haces y no hacer algo para tener placer.

La tormenta ha llegado y parece que se ha instalado unos días; habrá que bailar con ella hasta que encuentre otra pareja.

Como dice mi hermano: El secreto de la serenidad es cooperar incondicionalmente con lo inevitable.

Joan González

Colaborador de Entrenandobásket

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